La fama de alcohólico que me precede necesita otro aliciente para continuar en su apogeo, así que la primera entrada que escribiré sobre mi estancia erasmus será sobre aquello que es más obvio: la cerveza.
La cerveza en Holanda (y Alemania y Bélgica) no es una cerveza como en España, aunque bien es cierto que el culto a la bebida de malta se mantiene en unas cuotas similares a las españolas, es un cohesionador social increíble, más que otros líquidos alcoholicos como el vino, cubatas o licores. La cerveza aquí no es al uso de la fría, refrescante y rubia (y a veces echada de menos) española, es una cerveza con más variedad y grados, aunque eso no le da para nada un toque de refinación, se mantiene como un elemento popular y pandillero.
Entre mis recomendaciones la típica Jupiler, propicia para disfrutar con los amigos, una cerveza normalucha. Leffe, ya conocida en España, cerveza belga. Erdinger, en vaso de medio litro. Vedette, una cerveza belga con mucho carácter y mucho cuerpo. Y nunca, nunca jamás toméis Heineken, los propios holandeses dicen que la hacen con el agua de los canales.
Por ahora eso es todo, la calidad de las cervezas es enorme y se pueden adquirir por un precio medianamente decente, ¡aunque tienes que tener bastante cuidado pues tienen una graduación mayor!
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